Entendemos el dolor como una experiencia
multidimensional, psicobiosocial, influida
por un estímulo
sensorial real y por factores
emocionales tales como
sufrimiento, miedo, ira,ansiedad, memoria, motivación y cultura. No es
posible concebir
la experiencia dolorosa al margen
de
la afectación emocional.
Es aquí donde la hipnoanalgesia tiene una mayor incidencia, aunque no únicamente, como
lo
demuestran las evidencias de investigación
en hipnosis en
las que se observan las variaciones
que se producen en la
activación de determinadas áreas corticales
(mediante PET o SPECT) Importantes estudios de
neuropsicología
realizados en las universidades de Stanford, Nueva York,
París,
entre otras, constatan modificaciones en la
percepción subjetiva
del dolor en sujetos en experimentación de
diversa
susceptibilidad a la hipnosis, considerando que
en la hipnoanalgesia no tan sólo intervienen factores emocionales,
sino que además hay una influencia directa en
la activación
cerebral y la producción y regulación de
mecanismos neuroendocrinos
que modulan la percepción del dolor
(serotonina,
sustancia P, endorfinas, esteroides,
catecolaminas,
entre otros). Estas investigaciones, así como el aumento
espectacular
de publicaciones de revistas de máximo impacto
científico
(Science, The Lancet, Pain, Rheumatology, Anesthesiology
y otras) y la profusión de asociaciones
científicas para el estudio
de la hipnosis por todo el mundo, muestran el
enorme
interés que estos procedimientos suscitan en
el ámbito
de las ciencias de la salud para su aplicación en
el tratamiento multidisciplinario del
dolor.
Dr. José Sala